viernes, 16 de marzo de 2012

Claudia Prado y El jardín secreto de Diana Bellessi


Foto: Nadina Marquisio

Claudia Prado nació en 1972 en Puerto Madryn. Publicó El interior de la ballena (Nusud, 2000), Viajar de noche (Limón, 2007), y junto al artista plástico Víctor Florido, el libro de collages y poemas Aprendemos de los padres (Rijksakademie van Beeldende Kunsten, 2002). Realizó, junto a Cristian Costantini y Leandro Listorti, el documental Oro nestas piedras, sobre el poeta sanjuanino Jorge Leonidas Escudero. Actualmente vive en Nueva York, desde donde coordina talleres de escritura a distancia.

El motivo por el que elegí a Claudia para empezar esta serie de entrevistas es, en principio, personal. Tiene que ver con la posibilidad de ver aunado en un mismo proyecto, por su contenido, poesía, con la que me siento más bien familiarizada, y por su soporte, cine, en su particularísima veta documental. Me interesa el cruce que supone la idea de una poeta haciendo cine. Si a eso sumamos que el documental es sobre Diana Bellessi, el proyecto gana en complejidad. Porque entonces lo que hay es una poeta que trabaja junto con un equipo explorando el mundo creativo de otra poeta. Esos cruces me interesan porque significan diálogo. Entonces las preguntas son para acercarnos a ese trabajo, que a través de discusiones y acuerdos estará imaginando una forma, por ahora indefinida, pero brillante y vislumbrada.

-Claudia, ¿de qué se trata tu proyecto?

-Es un documental sobre Diana Bellessi. Lo pensamos en relación a su poesía, por supuesto, y también a su vida cotidiana, sus amistades y a los lugares que a ella le gustan, en los que pasa el tiempo. Decidimos que suceda en esos espacios cotidianos, no incluir voces autorizadas, teoría. El documental lo estamos dirigiendo tres personas: Cristián Costantini, Diego Panich y yo. Leandro Listorti hace producción y cámara. Somos poquitos. También participan otros amigos: Julia Masvernat, que hace las animaciones trabajando a partir de dibujos de Diana sobre la naturaleza y de su cuaderno de primer grado. Juan Pablo Fernández hace la música, Luciano Fusetti el sonido. También participan en la producción otras dos personas que nos ayudaron mucho, Vanessa Ragone y Mónica D´uva. Este documental sobre Diana surgió en parte porque, con las personas que nombré al principio, ya habíamos hecho otro sobre Escudero.

-¿Cuando ustedes filmaron el documental de Escudero ya pensaban que iba a haber un segundo documental?

-No. El documental de Escudero surgió como una prueba. En parte porque nos gustaba mucho la poesía de Escudero. Y también teníamos ganas de hacer algo juntos. En principio, con Leandro y Leticia El Hali Obeid, que participó en el rodaje. Nos interesó él y queríamos conocerlo. Y el proceso de trabajo, el documental y conocerlo, todo fue bonito. Nos quedamos contentos y así es que surgió la idea de hacer otra cosa.

-¿En este documental trabajan todas las personas que trabajaron en el primero?

-Hay algunos cambios de roles. Leandro no dirige y en su lugar está Diego. En parte porque, sí o sí, Cristián y yo necesitábamos trabajar con otra persona, porque ninguno de los dos sabe suficiente de cine. En Oro nestas piedras, Leandro ocupaba ese rol. Pero ahora él estaba con sus propios proyectos, así que no podía hacerlo. Como quería seguir participando, hizo cámara y parte de la producción.

-¿Tiene nombre el proyecto?

-Aparentemente se va a llamar “El jardín secreto”. Si no lo cambiamos a último momento…

-¿Es importante poner un nombre? Me refiero a si abre posibilidades o las cierra…

-Para mí hay algo particular cuando se hace un proyecto audiovisual, o cualquier proyecto en donde uno pretende tener algunos recursos para hacerlo, ¿no? Buscar un subsidio… Eso te va forzando a tomar unas decisiones que tal vez, si no existiese esa exigencia externa, tardarías en tomarlas, las dejarías para más adelante. Pero al presentar un proyecto, tenés que pensar algunas cosas antes y terminás llegando a esta situación, por ejemplo, de ya tener el nombre. Pienso: en un libro, yo difícilmente elegiría el nombre antes de que existan los poemas. Incluso el nombre del documental fue cambiando, porque primero habíamos decidido El jardín secreto. Después, escribiendo el guión, en una de las correcciones, lo cambiamos por El descanso, que es como se llama la casa de Diana en el delta, y después volvió a El jardín secreto, que en realidad es el que nosotros queríamos. A mí me parece que en este caso el nombre no cierra posibilidades. Creo que es un nombre que, en relación a Diana y a su escritura, es muy apropiado.

-¿El documental va a ser en parte sobre la mudanza que hace Diana cada año al Delta?

-Claro. Es eso: empieza en Buenos Aires, sigue en Zavalla, que es el pueblo donde ella nació, y al que siempre va a fin de año. Y después termina en el delta. Probablemente la parte más larga sea en el delta, que es en donde ella pasa en general los veranos, en donde escribe.

-¿En qué instancia está el proyecto?

-En la edición. Ya está todo el material filmado.

-Y esto que comentabas, acerca de la necesidad de poner un nombre para poder acceder a subsidios, ¿es lo que pasó en este caso? ¿Tuvieron que presentar el proyecto?

-Claro, teníamos que escribir el guión y presentar el proyecto. Y de ese proyecto me parece que uno se queda con las cosas que le gustan y tal vez otras las descarta, a la hora de hacerlo.

-Ahora que están en la fase de edición, ¿cuál es tu participación?

-Habrá distintas formas de hacer un documental… La verdad es que, en este caso, el guión lo reescribimos al editar. En consecuencia, tenemos que estar las tres personas que lo dirigimos. Tomamos muchas decisiones en el momento de la edición. En una película de ficción, me imagino que hay una idea previa más parecida a lo que va a ser. O sea, una vez que se filma, ya hay algo más cercano a lo que se espera. No se abre un abanico de posibilidades tan grande como ocurre en un documental.

-O sea que el guión hubo que modificarlo y tuvieron que ser bastantes flexibles con la escritura.

-Sí. Es más, la verdad es que nosotros el guión lo escribimos más forzados por la necesidad de conseguir el dinero para hacer algunas cosas del documental, que porque fuese imprescindible para nosotros un guión tan terminado. En el caso de Escudero, por ejemplo, teníamos algunas ideas de lo que nos interesaba y recién después de filmar se armó un guión.
 
-En este sentido, un segundo documental, ¿tiene ventajas respecto de un primero? ¿Hubo un aprendizaje?

-Sí, seguramente.

-¿Pudieron sortear obstáculos o no cometer los mismos, por así decirlo, errores, que tal vez habían surgido con el de Escudero? ¿O es realmente como un volver a empezar, al tratarse de otra persona, de otra experiencia de vida?

-Me parece que seguramente hubo muchos aprendizajes y cosas que hicimos de otra forma. Pero me cuesta darme cuenta cuáles. En parte porque, por ejemplo, en el caso de Escudero, apenas lo conocíamos, lo habíamos visto una vez. Y no podíamos viajar muchas veces a San Juan. Hicimos un viaje en el que filmamos la mayor parte y después, al año, otro, para agregar algunas cositas. Era mucho más inaccesible y lo que lográramos filmar esos días era todo lo que iba a haber. En el caso de Diana, por el contrario, vive más cerca, la conocíamos y podíamos prever muchísimas cosas. Eso me hace difícil darme cuenta… Con Escudero no sabíamos ni cómo iba a ser él en esa situación. Tuvimos muchísima suerte, pero podría no haber sido así. Con el documental de Diana pasó que, en el guión, escribimos muchas situaciones posibles y que efectivamente sucedieron.

-¿Hubo sorpresas?

-Sí, porque, igualmente, nunca la realidad es como uno se imaginó. Además me parece que, cuando conocés a partir de cierta edad a una persona, hay muchísimas cosas de su pasado que no sabés. O puede haber cosas que te contaron, pero otra cosa es verlas. Por ejemplo, conocimos a amigos de Diana de muchísimos años.

-O sea que ella realmente se abrió… Si bien por lo que contás ya parecía estar muy bien dispuesta a que hicieran este documental, me imagino que otra cosa es ir con la cámara, hacerle preguntas…

-Sí, estuvo muy confiada.

-Claudia, ¿Cómo convive el proyecto con tu vida? ¿Qué otras actividades hacés?

-Doy taller de escritura, ese es mi trabajo principal. Y durante este tiempo daba taller en mi casa y en Ezeiza, en la cárcel. Y participaba en la coordinación de “Yo no fui”, un proyecto que organiza diversos talleres dentro de los penales y para las mujeres que salen en libertad. Me parece que es parecido a lo que pasa casi siempre cuando la gente se dedica a una disciplina artística: lo vas haciendo en los tiempos que encontrás. También por eso los proyectos se alargan. Pero yo tengo paciencia porque sé que es así.

-Me imagino que es muy diferente filmar con tres personas más. Si bien es un grupo reducido para tratarse de una película, vos tenés más experiencia en la escritura, en la que disponés de tu tiempo... En este caso, ¿fue difícil o fue ameno?

-Fue ameno. Es difícil encontrar el tiempo en que todos podemos juntarnos a trabajar, eso sí. En parte por eso se extiende, porque es difícil coincidir. Pero la verdad es que cuando un proyecto implica una responsabilidad, como para nosotros este, tal vez durante un tiempo no podés trabajar, pero siempre volvés a poner la energía ahí.

-Y en este caso, ¿cómo concilian privilegiar el resultado a favor de la rapidez, con la cuestión de los subsidios? ¿Hay un plazo?

-Sí, hay un plazo, pero no es tan breve. Creo que vence en julio de este año y ya estamos editando, así que para julio llegamos.

-Y el documental de Escudero, que está subido en Internet, ¿se difundió de otra manera, como en proyecciones? ¿Qué expectativa les genera este tipo de documentales?

-Sí, hubo proyecciones. Fue difícil conseguir dónde proyectarlo. Hubo una primera proyección que estuvo buenísima porque fue muchísima gente. Pero me parece que es un tipo de documental al que le pasa lo que pasa con la poesía: que si no hay más difusión, si no sale en el diario, etcétera, primero va toda la gente realmente interesada y, después, es difícil que haya más público. Es algo que se va haciendo de a poquito. Entonces la primera vez fue mucha gente y después, en las otras proyecciones, que costó mucho conseguir, fue poca gente a verlo. Eso puede ser un poco desilusionante. Pero yo estoy acostumbrada a cómo circulan los libros de poesía y eso no me asusta. Sé que la obra de Escudero está buenísima, estoy contenta con el documental y me parece que es algo que de a poco lo va a ir viendo más gente. Hacés, me parece, lo que podés, y lo que te animás en el momento. Y después se irá viendo.

-A los escritores se les suele preguntar si cuando escriben piensan o no en el lector. ¿Acá, se piensa en el espectador? ¿El espectador del documental de Bellessi es necesariamente un lector de poesía y de su obra, o lo piensan de manera más amplia?

-Lo pienso de manera más amplia, aunque eso para mí no quiere decir explicar quién es Diana, sino que lo pueda disfrutar una persona que habitualmente no lee poesía. Con el documental de Escudero eso pasó. Y me parece que con el de Diana también puede ser así.

-La decisión de no incluir voces autorizadas, ¿apunta en esa dirección? ¿Es para no restringir la diversidad de espectadores?

-No, porque para mí eso no necesariamente restringe. Porque a veces alguien que no lee poesía puede decir “ah, tal persona elogia, entonces…”. No. A mí me parece que esa elección fue más por gusto, por la manera en que disfrutamos de leer, que tiene que ver con una actitud: si te metés primero en los poemas o leés primero el prólogo de un libro. A mí me gusta leer primero los poemas y después el prólogo. Me parece que tiene que ver con el gusto propio y con la manera nuestra de acercarnos a las cosas.

-Cuando hablás sobre el proyecto y de cómo lo vienen haciendo, da la impresión de que hay una base muy fuerte de amistad entre los realizadores. ¿Es importante eso, que haya algo más, además de un proyecto compartido? ¿O podrías haber hecho esto con poetas o cineastas que no necesariamente tuvieran con vos una relación de este tipo?

-Me parece que cuando se empieza algo con lo que se tiene -y eso es poquito como cuando empezamos el documental de Escudero-, es difícil que las ganas de hacerlo surjan con un desconocido. Me parece que eso pasa con la gente cercana: que te decidís a hacer algo así, y te animás a hacerlo. Podría ser, no sé, que te encuentres a charlar en un bar con alguien y de pronto sí, pero me resulta difícil que te animes, es improbable.

-Me interesa saber si el proceso lo disfrutaste y si lo estás disfrutando. ¿En qué momento  sentís que es más importante terminarlo y en qué momento el proceso en sí es lo que se disfruta sin importar tanto a dónde se llega? ¿O siempre importa a dónde se llega?

-A mí me parece que siempre entrás y salís de esa perspectiva. Me parece que eso pasa cuando escribís un poema, cuando estás armando un libro, o si hacés un documental. Yo trato de que la ansiedad o la idea de lo que viene después no ocupe demasiado. A veces, me parece que exagero en eso, que podría pensar más en cuando se termine y también seguramente eso haría que sea más ágil el proceso. Pero bueno, también son maneras de ser.

-Sos paciente...

-A mí me gustan los talleres. Fui alumna de Diana muchos años. También fui ocasionalmente a algunos otros talleres y los disfruto. Y trabajo de eso. Y me parece que lo que uno aprende en esa situación es justamente a tener cuidado con lo que estás haciendo y a disfrutar ese momento. Y que lo que se arme, se vaya armando de a poco, sin forzarlo. Pero también me parece que no hay que exagerar en esa actitud. Si perdés la perspectiva, también puede ser malo.

-¿En algún momento sentiste que el proyecto corría el riesgo de no terminarse?

-No, en ninguno de los casos sentí que no se iba a hacer. Hay algo que, al menos a mí, me hace estar segura, que es la responsabilidad que tengo de terminarlo. Para mí un documental en donde hay un protagonista que es una persona que espera algo de tu trabajo, y que además dedicó un montón de su tiempo y confió… Para mí la verdad es que no hay manera de que no se termine. Tendría que pasar algo gravísimo, que perdamos todo el material, algo así. Pero no por nosotros.

-¿Cuál es la distancia entre la idea y lo que está pasando ahora?

-No sé. Porque yo no tenía una idea previa muy cerrada. Entonces, en todo caso puedo ir viendo si lo que va pasando me gusta. Pero como la idea era ir a ver qué, qué encontrábamos y qué iba sucediendo…

-Estaban abiertos a lo que fuera pasando.

-Claro. Y muchas cosas, además, pasaron.

-¿Cuáles fueron esas cosas?, ¿situaciones cotidianas del entorno de Diana, tal vez?

-Situaciones, sí. En su pueblo suponíamos que podían suceder determinadas cosas, tal vez porque ella en algún momento nos había contado. Y hay algo lindo para mí, que son esas cosas que se repiten de la vida. Diana va al cementerio con su tía. En tal época del año hace eso. Y entonces no te podés imaginar cómo va a ser, pero sí que va a pasar.

-¿De Diana se hizo algún otro documental como este, o es el primero?

-Hay programas para la televisión. Por ejemplo, uno para Encuentro y también otro de la Audiovideoteca. Pero no un documental de este tipo.

-¿Todos los que participan tienen una relación cercana a ella?

-Todos conocemos a Diana. Por supuesto algunos somos más lectores de poesía que otros. Incluso Juan, que hace la música, la conoce a ella y es lector de su obra. También las productoras, Vanessa y Mónica, decidieron participar por el interés en Diana y en su obra.

-¿El acercamiento nace de una admiración?

-Sí, claro.

-¿Y cuál es el papel de su obra en el documental?

-Es importante. Su obra y su pensamiento. Creo que las dos cosas. También cómo es Diana como maestra, eso es algo muy particular. No sólo en las clases que da, sino en general. Para mí Diana tiene una forma de hablar, de reflexionar… Y eso está buenísimo en el documental. Eso sí era algo que esperábamos y que efectivamente sucede, y nos encanta lo que pasa.

-Claudia, cuándo terminen el documental, ¿qué es lo que termina?

-Supongo que hay una forma de trabajo que va a terminar, probablemente. Por un tiempo. A mí me gusta mucho trabajar en grupos de gente, y lo disfruto y desde hace bastante tiempo me va bien con eso. Las experiencias son lindas. A la vez, me parece que un aprendizaje es que eso vaya y venga. No reiterar siempre la misma manera. Y supongo que un tiempo tengo que dedicarme a pensar en algún proyecto más individual.

-¿Ahora trabajando en algo individual?

-Estoy trabajando en mis poemas. Puede ser que lo próximo sea dedicar más tiempo a escribir. Y si decido hacer alguna otra cosa audiovisual, también supongo que antes tengo que aprender más. No me metería inmediatamente en otro proyecto.

-Ahora que tal vez tendría sentido pensar en una serie, porque está un primer documental de Escudero, y dentro de poco el de Bellessi, ¿podría haber un tercero, o todavía no es momento para pensar en eso?

-No. Por ahora estamos cada uno pensando primero en terminar esto, y después cada uno en sus cosas. Puede surgir en algún momento, pero por ahora no.

-Bueno, ya veremos qué rumbo toma esto...

-Que pasó, sí. ¡Y capaz que ya estemos metidos en otra cosa!

-Es difícil preguntar sobre el proceso creativo, porque parece ser algo que se mueve todo el tiempo, pero la idea es captar un poco ese movimiento. Sobre todo cuando se trata de un proyecto grupal, donde constantemente surgen desafíos.

-Sí. También yo me doy cuenta de que te hablo en plural de las cosas que puedo estar segura que pensamos todos igual. Pero de muchas no sé. Es que en el momento vas discutiendo, se va armando.

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Para contactarte con el equipo de realización del documental: eljardinsecreto1@gmail.com
Para ver el documental Oro nestas piedras, sobre el poeta Escudero: http://www.oronestaspiedras.blogspot.com.ar/
Más sobre Diana Bellessi: http://www.vendavalsur.com.ar/d_bellessi/